Observo, no sin estupor, que nuestro tan ansiado viaje está a punto de fracasar antes de empezar tan siquiera. Puede que el porqué se le escape a los menos sagaces de nuestros lectores por lo que aclararé mi aseveración: las fricciones internas, que a día de hoy apenas son perceptibles, pueden acabar en una catástrofe sociológica sin parangón. Estas fricciones provienen de tres fuentes que a continuación explicaré.
1-. La ortodoxia textil.
Con esto me refiero a la preocupante sumisión de parte de nuestro grupo al yugo de la moda. Ya me conozco yo a Jaime y su propaganda pro calzoncillos. Solo quiero recordar a los ilustres miembros de nuestro grupo el conflicto que se dio en cierto hotel de París por el uso de calzoncillos especialmente ceñidos. No caigamos en los errores del pasado.
2-. La guerra de la popularidad.
Por los comentarios que se han ido dejando en el blog veo que la encuesta que inocentemente colgó Javi puede sacar el lado más desagradable de todos nosotros. Oscuras maquinaciones para conseguir votos empiezan a salir a la luz, todo ello con el único objetivo de ser más populares que el capitán del equipo de football de un instituto de Oklahoma. Ante esta lamentable situación solo diré que yo nunca recurriré a viles argucias para conseguir votos (ni lo volveré hacer).
3-. La dura realidad.
Después de leer la entrada de Jorge me viene una pregunta a la cabeza (del tamaño de un balón de nivea o una botella de medio litro, según el observador). ¿Qué haremos cuando descubramos que todo lo que nos quería hacer creer no son más que patrañas? No es por desconfiar de mi propio hermano, pero… ¿y si sus amistosos aborígenes, sobre los que se ha proclamado virrey, realmente solo le están preparando como sacrificio para alguno de sus dioses felizmente paganos? O lo que es peor: ¿qué pasaría si el contacto con todo tipo de culturas ajenas a la nuestra le han convertido en una especie de malvado Fu-Manchú? Puede que solo quiera que vayamos a visitarle para esclavizarnos y hacernos trabajar en sus extensas granjas de koalas. Llamadme paranoico, o seguid llamándome neurótico, como vosotros queráis, pero cosas más raras se han visto. Sin ir más lejos, yo sé de uno que se quedó dormido de pie (aunque no daré nombres para no sonrojar a nadie).
Sin nada más que añadir me despido hasta la próxima entrada catastrofista a la par que visionaria.
jueves, 13 de septiembre de 2007
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